8 feb. 2010

MEMORIAS DE LOS MUNDIALES - El fútbol con zeta


Cuando era niño, muy niño, el fútbol simplemente consistía en golpear una pelota y gritar gol. No se trataba de un juego de conjunto con reglas y táctica sino de un acto infantil idéntico a sacudir un sonajero o soplar una corneta. Cuando llegó el mundial de España 82 mi familia se reunía a ver los partidos durante semanas consecutivas y empecé a desentrañar los secretos del deporte. Pero eso sólo sería una anécdota de no ser por una flecha rubia que de pronto se detenía y parecía tener control absoluto del éter a su alrededor; levantaba la cabeza un poco y miraba todo el campo, los miedos de sus rivales, las jugadas futuras; golpeaba un balón y éste se movía más rápido que el tiempo y llegaba al punto exacto donde estaba su lugar en la malla. Tras el inevitable gol, Zico levantaba los brazos delgados y saltaba con las pantalonetas altas compartiendo la euforia con otros maestros de amarillo: Sócrates, Falcao, Toninho Cerezo y una selección Brasil que no jugaba fútbol sino que lo inventaba a cada paso. Y mi primer héroe era el eje, el corazón de esa orquesta sinfónica. Zico no pateaba el balón sino que lo consentía en una caricia traviesa que lo llevaba al fondo de la red, en lugar de correr como un atleta parecía danzar cual gacela jubilosa, la cancha entera se movía por su voluntad. Zico me enseñó el amor y me acercó al odio cuando un petiso crespo con camisa a rayas lo pateó alevosamente. Fue la primera vez que detesté a Diego Maradona y aprendí, al mismo tiempo que el Pelusa, que el fútbol no consiste en patear a los talentosos sino en hacerse talentoso uno mismo. Por eso me dolió tanto ver que ese conjunto de semidioses, que jugaba tan lindo que enamoraba a un niño que no entendía un fuera de lugar y no sabía dónde iba la tilde de la palabra balón, perdiera contra un equipo que no jugaba ni la mitad. Mi gran ídolo era derrotado por un tronco que salió de la nada y cuya única virtud fue estar, como un fantasma, en el sitio inesperado donde patearía los goles que matarían sueños. Paolo Rossi usurpó un trono que la historia le tenía reservado a Zico y la justicia, que no existe ni siquiera en la ficción, no se haría jamás. El Brasil del 82 y su generación de genios fueron condenados a la derrota y a una suerte de olvido selectivo, opacado por las memorias de los campeones. Los únicos que los recordamos triunfantes, luminosos, omnipotentes somos los niños hechizados por esas piernas de oro, esas filigranas en la grama y esos goles magistrales.

7 comentarios:

  1. Tiene razón. El Pelé Blanco, como lo llamaron y todo ese equipo del 82 ha sido el mejor Brasil desde el del 70. Muy bello y merecido el homenaje a esa generación de genios encabezada por Zico.

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  2. DE NOVELISTA NO TENÉS NADA, SI TE DAS CUENTA Y HAS ESTUDIADO UN POQUITO COMETES MÁS DE 50 MIL FALACIAS EN TUS ARGUMENTOS ESPECIALMENTE LA AD HOMINEN OFENSIVA, ME MORIRÍA DE LA TRISTEZA TENIÉNDOTE COMO PROFESOR, NO SERVIS PARA ARGUMENTAR, Y DISQUE NOVELISTA? QUE VERGUENZA LLAMARLO A USTED NOVELISTA, SI ESO ES ASÍ DOY POR MUERTA Y ENTERRADA LA LITERATURA; SU LITERATURA ES BASURA; SUPUESTO CRÍTICO, DEJE QUE ME RÍA DE ESO NO TIENE NI UN PELO; ESE PREMIO DEL 98 COMO QUE QUEDÓ PERDIDO CON SEMEJANTE BASURA; SI QUIERE TRIUNFAR Y QUE LA GENTE LO RECONOZCA COMO NOVELISTA REGRESE A LA PRIMARIA; A QUÉ NO ES CAPAZ DE INDENTIFICAR QUÉ FALACIA COMETI JAJAJAJAJAJ.....

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  3. el señor del comentario ofensibo parece que no ha leido nada. La novela del Gato es maravillosa, muy chevere para los jovenes que nos gusta leer. Y estuve mirando en youtube videos del jugador Zico y Perdomo Gamboa tiene razon, era un jugador muy bueno y el articulo muy chevere. Yo creo que el del comentario no ha leido nada.

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  4. ZICO ERA UN PUTAS Y PERDOMO ES UN GENIO.

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  5. ¿Quién es el personaje "anónimo" que pretende "ofender"(?) a Perdomo con sus comentarios sobre argumentación?
    ¿Cuál es el propósito de escribir un comentario así?
    Más coherente sería, si en verdad considera que Perdomo es un pésimo escritor, que se pusiera en contacto directo con él y realizaran conjuntamente un ejercicio de crítica al texto.
    Espero que el tal "anónimo" asuma una conducta más propositiva, en lugar de seguir én la fácil posición del que crítica pero no se atreve a crear.

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  6. Nuevamente, convoco al "critico anónimo2 para que se ponga en contacto directo con Perdomo.

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  7. Ha pasado el tiempo, y parece que el "critico anónimo" no va a aparecer. Reitero mi invitación para que contacte a Perdomo.

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