12 nov. 2015

CARICATURIZACIONES DE AFRODESCENDIENTES: UNA HISTORIA LARGA, COMPLEJA Y POCO CÓMICA


Mucha controversia ha rodado por ciertas manifestaciones humorísticas protagonizadas por cómicos que se pintan la cara de negro y personifican caricaturas en televisión y teatro. Algunos las consideran abiertamente racistas y pretenden prohibirlas; otros no dejan de verlas como una charada inocente y se escudan en la libertad de expresión; y la gran mayoría del público las ven como algo cotidiano, tan natural como la expresión “trabajar como negro para vivir como blanco”, y niegan cualquier racismo. Sin embargo, un buen análisis de la problemática exige una revisión histórica de la caricaturización de los afrodescendientes, no sólo en televisión sino desde las representaciones gráficas. Ése es el objetivo del presente ensayo.

Desde los inicios de la caricatura, la exageración y sátira propia del género se unieron con los prejuicios, estereotipos y reduccionismos de la colonia, la esclavitud y la colonización europea del continente negro. La caricatura puso su humor al servicio de los intereses europeos y norteamericanos que ya publicaban cartones y tiras cómicas en los periódicos. Éstas gráficas tempranas, como las que les siguieron por décadas, eran hechas por artistas y editores blancos, europeos o norteamericanos, sobre los territorios colonizados o los afro recién emancipados; y de la misma manera, era el público blanco dominante de suficiente nivel económico quien las leía y se divertía con esas ridiculizaciones. Pronto, la caricaturización propia del género se convirtió en estigmatización racista. En esta época se fraguaron los estereotipos gráficos en los que el afro no tiene las definidas y particulares facciones de un ser humano, sino que se les reducía a una gran cara negra con labios rojos y grandes como llantas, más cercana a las trompas de los simios que a la boca de un ser humano, y ojos enormes y desorbitados, señalando ignorancia o ingenuidad, cuando no estupidez. Esto no fue casual en las representaciones gráficas, sino que tiene un origen en el famoso pero peyorativo personaje “Jim Crow”, creado por el comediante blanco Thomas Rice, quien solía pintar su rostro con betún exagerando el tamaño de sus labios para interpretar a un afroamericano harapiento en un espectáculo cómico musical de vaudeville que se exhibió desde 1832 y se hizo muy popular, tanto que fue imitado a nivel global y el nombre Jim Crow fue usado para denominar de manera genérica a los afronorteamericanos y hasta para nombrar las leyes de “iguales pero separados” de segregación en Estados Unidos promulgadas entre 1876 y 1965. Este absurdo de la piel negra como el betún fue tan repetido que era utilizado incluso por comediantes afrodescendientes; y latinoamericanos tan populares como Chespirito hicieron su “blackface”, como se llamó al acto de pintarse la cara de negro y ridiculizar a los africanos. En Colombia, si bien no existió el Jim Crow, sí se heredó el humor al estilo blackface. Álvaro Lemmon y Roberto Lozano, el creador del Soldado Micolta, son ejemplo de ello.
 










Edward Williams  





 



 
















Chespirito (México)  
















Negro Mama (Perú)


Gracias a los shows de vaudeville, Jim Crow se hizo parte del imaginario colectivo estadounidense y pasó a la literatura y caricatura. Bernard A. Drew en su libro Black stereotypes in popular series fiction, habla sobre los personajes literarios basados en Jim Crow:

Los límites de Jim Crow eran fuertemente codificados y despiadadamente reforzados. Para que las historias sobre negros tuvieran una oportunidad (de éxito comercial), no sólo tenían que tener personajes planos sino que también tenían que mostrar a los negros como poco educados, supersticiosos, confabuladores, desconfiables, lujuriosos y perezosos (No necesariamente todos en la misma historia). Las historias tenían que ser “divertidas”. Divertidas, claro, para los lectores blancos. Los lectores negros pudieron haberlas leído, pudieron haberlas tolerado, pero hallaron poca diversión en ellas (Drew, 2015, pág. 11).

Igualmente, las actitudes, habilidades intelectuales y hasta maneras de hablar de los afroestadounidenses fueron ridiculizadas fomentando la idea de que eran ignorantes carentes de educación, ingenuos y no pocas veces estúpidos o astutos sólo para burlar sus responsabilidades. Desde luego, estos prejuicios eran de la población blanca norteamericana que no entendía ni pretendía entender los logros y valores de la población afroestadounidense. Estas representaciones demeritan los progresos de la población afro y los reducen a seres bestiales, primitivos e infantiles, incapaces de tomar las riendas de su destino o de desempeñar roles importantes en sus comunidades y su nación. Una buena descripción de estas grafías es la presentada por Jeet Heer en su ensayo Racismo como una elección estilística y otras notas (2011):

Miren la manera en que se dibujan los personajes negros, por ejemplo, con labios como llantas y rostros simiescos. También, los personajes negros son completamente serviles y hablan en un dialecto vergonzoso completamente removido de cualquier habla humana (Heer, 2011, pág. 1).

















Ejemplos de McLure, Walt Disney, Walter Lantz, Bob Kane, Hergé y Pepo

El arquetipo llegó al cine animado, con lo que se hizo mucho más popular y redujo aún más a los afroestadounidenses en su papel como seres independientes y actores sociales. Aquí, ejemplos de Castle, Warner, Disney y Fleisher.
























Los dibujantes siguieron basándose en el arquetipo reconocido por una sociedad que a veces no es consciente del racismo que éste implica y lo repiten sin medir su poder ni las consecuencias para la etnia afrodescendiente. Jeet Heer, el el epílogo al libro Black Comics, politics of race and representation, trata de explicar este momento histórico:

No es solo que los caricaturistas vivieran en una época racista, sino que también la afinidad de los comics por la caricaturización significaba que las tiras cómicas tempranas tomaran el existente racismo de la sociedad y le dieran una vida visual viciosa y virulenta. Forma y contenido se juntaron de una manera especialmente desafortunada. (Heer, 2013, pág. 254)

Muchos de los caricaturistas de estas épocas y otras más recientes las repiten conscientes de su carga negativa. Aquí el caricaturista ignora su responsabilidad como editorialista y periodista, y se convierte en agente de un sector insultante, segregacionista y, desde luego, racista de la sociedad. Estas grafías son tan abundantes y comunes que nos hemos acostumbrado a ellas y ya las vemos como normales, sin captar el enorme racismo, reduccionismo y estereotipia que hay en ellas y que ha estigmatizado a los afrodescendientes desde las épocas de la colonia, a tal punto que las características inventadas por Europa desplazaron las realidades culturales y generaron imaginarios fuertemente racistas hacia lo africano Estas visiones de los afro heredadas de la colonia aún hoy se repiten. No es gratuito que en televisión y prensa se multipliquen las imágenes de palenqueras, muchachas del servicio, cortadores de caña, pescadores o, simplemente, trabajadores rasos de etnia afro, perpetuando este imaginario discriminatorio. Incluso su cara “positiva”, como lo relacionado con la música, el baile y el deporte también es reduccionista y limita los éxitos de la población afro a un pequeño nicho lejano al poder político de la clase “blanca”. Aquí el estereotipo descubierto por Peter Wade (1997):

Los negros son estereotipados como perezosos y no progresistas, ignorantes y con una áspera y rústica manera de hablar. Se han construido imágenes posteriores alrededor de la idea de una estructura familiar “anormal” con un padre “irresponsable” y alrededor del supuesto amor de los negros por la música, el baile y la fiesta (Wade, 1997, pág. 52).

Y, por supuesto, ese imaginario ha llevado a un racismo soterrado, nunca plenamente reconocido por la población mestiza ni las instituciones estatales, pero que permea lo político, lo económico y, más aún, lo cultural, a pesar de la notoria influencia de los afrocolombianos en la construcción de país, lo que los reduce aún más en el imaginario colectivo. Claudia Mosquera Rosero-Labbé afirma qué:

En la dimensión cultural, la discriminación es de tipo étnico y se manifiesta en la estigmatización cultural, el uso de lenguaje peyorativo, la escasa visibilización de los aportes de este grupo, la poca valoración y el escaso apoyo a sus expresiones culturales y artísticas, el desconocimiento de la cosmovisión de la población afrodescendiente y la discriminación dentro de las etnias afro (Mosquera, 2010, págs. 26-27).

Estos estereotipos los vemos naturales y repetidos incluso en los periódicos. Las caricaturas editoriales, que si bien deben tener una carga humorística también reflejan una postura crítica ante fenómenos de la realidad, suelen repetir esos mismos conceptos heredados de la Colonia y el Jim Crow, limitando a los afrocolombianos a roles inferiores y grafías subhumanas. Algunos ejemplos de famosos y respetados caricaturistas como Betto, Pepón, Galgo, Mheo, Mico y Matador.























Es posible que caricaturistas y humoristas no sean conscientes del racismo implícito en sus productos, sobre todo porque el racismo es latente e invisibilizado en la sociedad. Pero las representaciones gráficas y televisivas tienen un poder comunicativo que ha sido utilizado repetida y abiertamente en contra de los movimientos sociales afroamericanos. La constante representación de estereotipos modifica el pensamiento del lector y su manera de percibir a las negritudes. Entonces, sostener que el Soldado Micolta y otras expresiones humorísticas basadas en el blackface y otras estereotipias son simplemente humoradas inofensivas sin carga de racismo es, como mínimo, una falta de información. El debate que se ha generado debe llevar a la eliminación del blackface, las caricaturas basadas en el Jim Crow y toda manifestación humorística que tenga como objetivo, consciente o inconsciente, el perpetuar los imaginarios racistas y dañinos a la población afrocolombiana. Desde luego, esta acción debe ir acompañada de políticas efectivas para brindar a las poblaciones afro las condiciones de vida dignas que merecen por su calidad de seres humanos y un énfasis en la educación para entender la historia de África y las negritudes y erradicar los prejuicios y, eventualmente, el racismo hacia la población afrodescendiente.


BIBLIOGRAFÍA


DREW, Bernard A. Black stereotypes in popular series fiction, 1851-1955. Jim Crow era authors and their characters. McFarland  Company. North Carolina. 2015.

HEER, Jeet. Afterword. En HOWARD, Sheena C. (edit) y JACKSON II, Ronald L. (edit). Black Comics: Politics of Race and Representation. Bloomsbury Academic. 2013.

HEER, Jeet. Racism as an stylistic choice and other notes. Biblioteca digital Universidad Autónoma Metropolitana [en línea]. 2011. [fecha de consulta: 10 mayo 2014]. Disponible en

MOSQUERA ROSERO-LABBE, Claudia (edit). Afro-reparaciones: Memorias de la esclavitud y justicia reparativa para negros, afrocolombianos y raizales. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá. 2007.

STRÖMBERG, Friedrik. Black images in the comics, a visual history. Fantagraphics Books. 2012

WADE, Peter. Gente negra, nación mestiza. Dinámicas de las identidades raciales en Colombia. Editorial Universidad de Antioquia. Medellín. 1997.

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